Santo Carnaval






Pero ya es años que ya nadie ni va, poquitos no más; ahora es el Señor de los Milagros la fiesta más grande, con gente de todas las comunidades, de otras parroquias y hasta de otros lados también.

El auca también pasaba en carnaval y eso era serio. Sábado, domingo, lunes y martes no había leyes, podía pasar lo que pase. Aunque las cosas feas siempre pasaban entre los borrachos, que habían hartos esos días. Robaban, mataban, todo por las copas.

A veces daba miedo, a veces era triste… pero lo más era lo lindo. Cómo la gente se divertía y compartía entre todos. Tanta comida, tanto de beber, tanta abundancia era nuestro Santo Carnaval.






Diferentes eran esos tiempos. De infancia. Cuando no había ni carretero, nada. Y aquí estábamos viviendo… los hombres siempre han sido de irse a buscar vida en otros lugares. A la costa se iban, por meses, años…

En la casa se trabajaba en la huerta o con los animales en el cerro haciéndoles pastar, viéndoles pastar… y contaban cosas de la montaña los mayores, que era de cuidado, que tantas cosas que pasaban.

Había el “chusalongo” en esos tiempos, no sé si haya todavía. Que era uno como niño, dicen, de unos ocho años, con camisita blanca, delgadito pero delgadito delgadito. Con pelito largo… y el miembro, decían, enrolladito en el brazo como manguera.

Disque llamaba a la gente por el nombre. Pero yo nunca vi.
Lo que si vi con mis propios ojos fue a los “yashacos”, que eran enfermos, de años de enfermedad. Andaban solos en las montañas buscando gente para matarles, para tomarse la sangre y llevarse la lengua, porque disque les quitaba el dolor un tiempito, por eso andaban matando. Y era horrible verles, como quemados, se helaba el alma del susto….

Así mismo cuentan que en los cerros disque se veían unas llamas que eran del oro que ahí había. Y cuando iban a buscar nada no encontraban, ni nada quemado ni nada.

O de la laguna brava, de Cochapamba Chico, que nadie pasaba por ahí por lo que se había comido a unos novios, que por ahí pasaron.

De niños, para ir a la escuela, desayunábamos el “mishqui” sacado del penco. Qué rico que era… “pulcre” le llaman también y se tomaba en vez del café, como es ahora. Una tasita daban, con arroz de cebada y un poco de mote. Ahora recién venimos a entender que ha sido tan buen alimento para nosotros, tan bueno…

Y es que en estas tierras de todo se da. Viera usted: se da el maíz, el trigo, la cebada, las habas, la arveja, el fréjol y la lenteja. Coles tenemos también y lechugas y zanahorias y remolachas y peras, duraznos, manzanas… todos tenían un huerto en cada casa, en cada una. Y todas con tantos colores, verá usted, por las flores: rosas, retamas, malva blanca (que usaban las parteras, para el lavado) y tantas otras.

De octubre a noviembre se siembra, hasta la vez. La cosecha es de mayo a junio.

El terreno se prepara de agosto a septiembre con la yunta, que se unce con el yugo y la “cuyuna” (una como saga pues) de piel de res para amarrar los cachos de las bestias. Todo el año se trabaja en la tierra, es duro, cansado. Por eso, antes, teníamos el “cambia mano” o minga.

Eso era lindo, éramos solidarios entre todos, entre todos nos ayudábamos.

0 comentarios:

Publicar un comentario